Construyendo el Muro de la Memoria

La iniciativa Muro de la Memoria quiere poner en valor la historia reciente del barrio post-industrial de La Ribera de Deusto a través de los rostros de las personas que le han dado vida

Uno de los proyectos que mejor representa la esencia de Espacio Open es el Muro de la Memoria, una iniciativa que usa las tecnologías de fabricación digital para poner en valor la identidad local. El proyecto consiste en el escaneo e impresión cerámica de los bustos de personas que están vinculadas al barrio de La Ribera de Deusto para crear una exposición abierta al público. Las personas que formarán parte de esta muestra son vecinos y vecinas que han vivido la transformación de este barrio post industrial, trabajadoras de la emblemática fábrica de galletas Artiach, emprendedoras que han desarrollado su proyecto en la isla, trabajadores que pasaron media vida en estas naves industriales,… y otras muchas que son parte de la historia viva del barrio.

El proyecto Muro de la Memoria arrancó a finales de 2022 como actividad dentro del festival Maker Faire Bilbao y continuó su desarrollo en la siguiente edición del festival, en 2023, enlazado con el taller de Distributed Design Jetclay Academy Open Source 3D Printing with CeramicsA raíz de esta iniciativa, en 2024 Fab Lab Bilbao ha impulsado la segunda parte del proyecto, la construcción de una exposición abierta con los bustos de los vecinos y vecinas, que se ubicará en diferentes puntos del centro cultural para que pueda ser visitada por el público.

En la iniciativa han participado personas como Chamorro, responsable de mantenimiento de la antigua fábrica de galletas durante más de tres décadas, las costureras Azucena, MariJose, Txaro y MariLuz, y las vecinas y vecinos Libe, Begoña, Miquel, Iñaki, Umaran, Anabel y Rosa, entre muchos otros, hasta llegar a más de 40 participantes. Con este proyecto, el objetivo es homenajear a las personas que han estado ligadas a La Ribera de Deusto y contar la historia del barrio a través de ellos.

Colaboraciones con otros agentes

Además de la puesta en marcha de la exposición, que seguirá creciendo a lo largo del año, la iniciativa Muro de la Memoria también tomará nuevas formas a través de la colaboración con otros proyectos y colectivos. En 2024, se presentará como prototipo en el marco del proyecto europeo Horizon 2020 T-Factor, en el cual Espacio Open forma parte como socio. La intención es que la iniciativa sirva como punto de partida para poner en valor las identidades locales y promover los lazos entre comunidades, mediante el uso de las tecnologías. Para ello, el proyecto se trasladará a otros centros de fabricación digital a nivel europeo, con el objetivo de generar nuevos lazos de colaboración.

Participantes en el Muro de la Memoria

Estas son algunas de las personas que han participado en el proyecto Muro de la Memoria:

Juan Ángel Umarán, vecino de la Ribera

De pequeño vivía en Olabeaga y junto a su padre y su hermano, trabajaba en la barca que cruzaba la ría para llevar a las galleteras de Olabeaga a la Ribera. “Empezábamos a las 5 de la mañana, y a las 7 era cuando teníamos más lío, estábamos con dos botes para llevar a todo el mundo a trabajar”, recuerda. Después de eso, entró a trabajar en el Euskalduna y ahí estuvo hasta que se prejubiló. Tras jubilarse, entró en la asociación de vecinos y vecinas de la Ribera donde ha participado para mejorar el barrio.

Libe Irisarri Bidarte, vecina de La Ribera

Su ama nació en el número 55 de la Ribera de Deusto, así que Libe ha sido vecina del barrio de toda la vida. “Yo estoy enamorada de la Ribera en blanco y negro”, explica. Libe recuerda cómo íban cuando era pequeña al despacho de las galletas de la fábrica, donde vendían los trozos de las galletas rotas… Y sobre todo a las galleteras, “daban mucha vida al barrio”, recuerda, “las primeras mujeres que vi bebiendo una copa fueron las galleteras, hasta entonces en los bares solo había hombres”.

Anabel Toyos, vecina de la Ribera

“Para mi no hay lugar más maravilloso que la Ribera”, explica Anabel, “me sigue encantando a pesar de todo”. De pequeña, Anabel recuerda cómo el barrio estaba lleno de familias y niños que iban a jugar a la plazuela. Allí también recuerda a las galleteras, jugando a la cuerda, comiendo un bocadillo y cantando. “Son las personas las que dan identidad a los espacios”, explica, “por eso cuando la fábrica se empezó a recuperar con actividades, con el mercadillo que montábais en Espacio Open… le dio vida de nuevo”.

Francis y Rosi, galleteras de Artiach

A los 17 años, Francis entró a trabajar a la Fábrica Artiach con la idea de estar 3 meses, pero se quedó hasta su jubilación. 50 años haciendo galletas, en una plantilla formada casi solo por mujeres, que se convirtió en una familia. “El trabajo era duro, pero tengo muy buenos recuerdos, siempre nos apoyábamos unas a otras”, explica. Rosi recuerda el edificio Artiach como uno de los espacios más importantes de su vida. “Era enorme y precioso, con grandes ventanales y vistas a la ribera de Deusto”. Tal y como explican las dos, si algo ha caracterizado a las galleteras ha sido su solidaridad y su lucha por defender los derechos laborales.

Chamorro, responsable del mantenimiento de la fábrica

Tras las inundaciones de Bilbao de 1983, la fábrica de galletas se trasladó a Orozko y las instalaciones se convirtieron en talleres para empresas industriales de todo tipo. Chamorro entró a trabajar a la fábrica en 1984 y estuvo como encargado de mantenimiento del edificio hasta que se jubiló. Durante todo este tiempo, ha visto cómo la fábrica se ha transformado, primero en locales industriales y, después, en espacios para iniciativas culturales y creativas, “ha cambiado muchísimo”, explica, “tengo que decir que con vosotros no me aburría nunca, ¡estaba muy entretenido!”

Begoña Cermeño, costurera de Artiach

Ella y sus compañeras abrieron hace 35 años un taller en una de las lonjas de la antigua Fábrica Artiach, y allí trabajaron hasta que cerraron en 2023. “Antes trabajábamos en un taller de confección en Bilbao, pero nos echaron, así que nos liamos la manta a la cabeza y montamos nuestro propio taller”, explica. Durante ese tiempo, pasaron tiempos mejores y peores, pero siempre hicieron piña, “y lo pasamos muy bien”, recuerda.

María José Bartolomé, costurera de Artiach

“Cuando vinimos nosotras, las lonjas de la fábrica estaban llenas”, explica María José, “había mucho ambiente, en Navidad nos juntábamos y hacíamos una comida.. lo pasábamos en grande”. También recuerda a Chamorro, responsable de mantenimiento, “tenía todo el pabellón bien organizado, no como ahora”. María José también se jubiló el año pasado y, aunque no se ven todos los días como antes, siguen quedando de vez en cuando para no perder la relación.

Igor, vecino de la Ribera

Profesor de tecnología e informática en Educación Secundaria, Igor ha vivido toda su vida en el barrio de la Ribera de Deusto. Él conoció la segunda etapa de la Galletera, cuando, tras las inundaciones de 1983, Artiach trasladó sus instalaciones a Orozko y la fábrica se llenó de pequeñas industrias, talleres y artesanos, “en esa época había cerca de 100 empresas en la fábrica”, recuerda. Para Igor, como para muchos vecinos, el edificio es un elemento muy significativo del barrio. “Tenemos una gran sensación de incertidumbre de cara al futuro y para nosotros es importante defender la identidad y la historia del barrio de la Ribera de Deusto, esa es una reivindicación compartida por todos los vecinos y vecinas”.

El Muro de la Memoria en los medios

El proyecto Muro de la Memoria ha despertado un gran interés como iniciativa que utiliza las tecnologías creativas, en este caso la impresión cerámica 3D, para poner en valor la memoria del barrio. Estas son algunas de las menciones en los medios de comunicación:

piezas cerámicas